Colores

Colores
Tengo manita, no tengo manita

Anochecer

Anochecer
En el tercer anillo periférico

Danna Sofía

Danna Sofía
La primera fotografía de mi sobrina

Obra 'Asesinos'

Obra \
Detrás de atrás

Un golpe sin dolor

martes 2 de febrero de 2010

Él la tomó de las muñecas y comenzó a apretarlas tanto que ella no dejaba de gritar, la empujó y cayó al piso. Su ropa estaba desgarrada, tenía moretones en los brazos y las piernas, sus mejillas estaban humedecidas y rojas, no paraba de llorar y de suplicar que parara pero el seguía más y más fuerte, obsequiándole un golpe con cada palabra que pronunciara. Él buscaba una respuesta, una que lo satisfaciera, no quería un simple 'no'; creía que mentía.

La tomó del cabello y la arrastró por el piso, ella trataba de escapar pero no lo conseguía, hasta que sin querer lo arañó. Armando lo tomó como un insulto, como un acto de rebeldía, en sus ojos sólo se reflejaba el odio y ella no podía hacer más que horrorizarse. Él levantó su mano lo más alto que pudo y la dejó caer en su mejilla derecha con todas sus fuerzas. Leticia intentó esquivarlo, en verdad lo quiso pero sus reflejos ya no eran los más adecuados y quizá en su subconciente sabía que merecía eso. Él debía castigarla y enseñarle cómo debe de actuar una buena esposa al igual que su padre lo hizo con su madre. Y como don Raúl lo hizo también con ella, su hija era reflejo de ellos y cada vez que hacía algo que él considerara mal, ella tenía que pagar las consecuencias.

Leticia sintió el frío del suelo, ni si quiera le dolió el golpe, lo vino venir, supo que lo sufriría pero estaba tan asustada que no pudo sentirlo. Se dio cuenta que la había golpeado cuando escuchó el estruendo y su cabeza fue a rebotar en el mármol. Sus ojos estaban inmóviles, pero no podía enfocar bien, distinguía sólo una sombra, sabía que se acercaba a ella, necesitaba huir de ahí como fuera, pero no podía levantarse, ni si quiera era capaz de sentir su cuerpo. La sombra se acercaba cada vez más, hasta que estuvo enfrente de ella, la tomó de la cara y con una voz totalmente diferente a los golpes que le había dado, le hizo la misma pregunta que comenzó todo. Ella la escuchó, sabía que tenía que decirle una respuesta, esa que él quería escuchar, pero que en cierto modo no era verdad. Al final, salió un sonido de su boca, sus labios articularon aquélla palabra, su cerebro no pensó en las consecuencias y Armando de nuevo la golpeó.

Despertó en una cama, su cuerpo parecía estar como flotando, lo único que podía sentir era un intenso dolor de cabeza, escuchó un "ya despertó" y unos pasos al terminar esta frase. No sabía dónde estaba ni qué había pasado. "Buenas tardes, soy el doctor López", quería saludar pero no podía contestar "no se preocupe en responder, le han hecho un gran corte en la garganta y creo que no podrá hablar en un par de días" no sabía a qué se refería el doctor, pero éste continuó "sus análisis han salido bien, tiene varios golpes en el cuerpo, pero todo esta perfectamente. Unos agentes de la policía quieren hablar con usted y en cuanto termine puede irse, sólo pase con la enfermera de aquí afuera para que le concierte una cita para mañana" el doctor abrió la puerta y salió de la habitación, acto seguido dos personas entraron "Buenas tardes, somos los agentes Sánchez y Mendoza, queremos hacerle una simple pregunta, a pesar de que el doctor dijo que le era imposible hablar, está seguro que puede escribir en esta libreta" le enseñó un pequeño cuaderno y una pluma, se acercó hasta la cama y le las dio en la mano, le costó un poco de trabajo levantarla pero así lo hizo.

"Queremos saber ¿por qué cometió el asesinato?" se comenzó a marear al escuchar esto, a qué se refería ese polícia ¿asesinato? ¿de qué hablaba? El agente pareció notar esta confusión y fue más claro "Sabemos que su matrimonio pasaba por muchos problemas y que incluso había violencia, sus vecinos escuchaban gritos casi cuatro veces por semana" su cabeza asentía, como si lo que dijera fuera del todo normal. "Entonces ¿por qué ahora decidió que debía morir?" su cabeza daba vueltas, giraba en torno a la palabra muerte. No podía recordar nada, no sabía qué debía de recordar. Tomó la pluma y escribió con mucha dificultad "no sé a qué se refiere", levantó la libreta y se la mostró. El policía hizo una mueca y le dijo a su compañero "mire sabemos que la violencia intrafamiliar es de lo más común en este país, pero no hasta llegar a esos extremos".

Una enfermera entró en la habitación "disculpen, sólo vengo a traer la comida, continúen" dejo la bandeja en una mesa frente a él y un destelló de luz brilló sobre un pequeño cuchillo. Su memoria comenzó a surgir, esa pequeña imagen desencadenó sus recuerdos. El policía volvió a hablar "Mire, necesitamos que nos diga el motivo", quedó en estado de shock por unos segundos, tomó la libreta y escribió. El agente leyó todo "tenía miedo de morir, por eso lo hice", él hizo una señal de asentimiento "Señora Leticia Hernández queda arrestada por el homocidio de Armando Guijarro, por favor levántese para que podamos arrestarla".

¿Es tu silencio necesario?

sábado 23 de enero de 2010

¿Por qué no hablas? ¿Por qué no me dices qué pasa? Me intriga el saber el qué, no me conformo con un siempre "nada" o con un "no sé". Nadie sonríe y cambia derrepente, sin ningún motivo, siempre algo lo provoca, algo mueve ese interruptor y apaga la alegría o la enciende. ¡Dime la razón!

Dime lo que pasa por tu mente ¿qué explosión ha causado ese Universo en tu cabeza? ¿a dónde ven tus ojos? ¿Ven hacia algún lugar? ¿Recuerdan algo? Tu mirada perdida no dice nada, sólo llena mi inquietud, aviva mi preocupación. Tus ojos no quieren conocer nada, tus labios inmóviles no pronuncian palabra alguna.

La distancia es cada vez más notoria entre nosotros, el silencio agotador sigue en pie. A pesar de que quiero romperlo, sólo hago unos leves rasguños que no sirven de nada. ¡Vamos habla! Saciáme con tu respuesta tan necesitada, nunca antes había sentido tanto frío dentro de mi cuerpo, mi corazón, mi alma. ¡Caliéntame con tu dulce voz! ¡Contéstame! ¿Es tu silencio necesario?

Realidad falsa

lunes 11 de enero de 2010

Es de noche, hay una ligera lluvia que amenaza con aumentar, los carros avanzan sin percatarse de nada y levantando el agua de los charcos en el asfalto. Varias personas pasan frente al callejón sin siquiera mirarlo. Una sombra se mece dentro de la oscuridad, es difícil distinguirla, pero ahí está. Parece preocupada, histérica, camina de un lado a otro con la cabeza agachada viendo sus manos en cada vuelta. Pronuncia unas palabras que no se entienden, alza las manos hacia el cielo y como un autoreflejo cae al suelo con la cabeza entre sus piernas. –¡Maldición!- grita

Una luz proveniente de una lámpara de la calle se enciende inesperadamente, la sombra se convierte en una persona, una mujer con un vestido rojo, un poco arriba de las rodillas; unas botas negras altas. Su cabello negro está suelto y un poco enmarañado, el maquillaje que traía se le ha corrido por la lluvia, excepto esos labios enormes y rojos. Al percatarse de la luz, se esconde detrás de un bote de basura asustada, cuando se da cuenta que es una lámpara sale de su escondite pero tropieza con algo y se cae. El sonido no es tan fuerte como el de caerse al suelo, es más bien apagado, como si hubiese caído encima de algo.

Se levanta temblando, está llorando, sus lágrimas no se aprecian por culpa de la lluvia, pero su llanto es evidente. Levanta sus manos, están manchadas de un líquido rojo que se esparce y borra por la lluvia. Se altera más, abre la boca como queriendo gritar, pero no sale nada de su boca. Mira hacia su vestido y ve más manchas, casi imperceptibles por el color del vestido, emite un gemido de terror. Mueve la cabeza y gesticula con su boca un “no”. Mira al piso y camina hacia atrás, aterrorizada cae al suelo, –No es cierto, no es verdad. Yo no lo hice- le dice entrecortada y susurrando al cuerpo sin vida que está frente a ella. El hombre tirado tiene sus manos a los costados, viste formal. Traje y corbata negro, una camisa blanca de la cual sobresale sangre. Tiene un cuchillo (de plata y con grabados) clavado en el pecho, la expresión de su cara es nula, sólo con los ojos cerrados y un poco entreabierta la boca, pareciera que duerme.

Otra gran sombra aparece frente a la mujer y el cadáver. La cara de la mujer demuestra confusión y miedo. La silueta entra a la luz y al agacharse se ve la cara de un hombre mayor, su cara no demuestra nada, ningún sentimiento. El hombre toma un objeto que da un destello cuando pasa por la luz. Acerca su cara a la de la mujer, la toma de la barbilla y le susurra algo al oído, los ojos de la mujer demuestran horror. El hombre se convierte de nuevo en sombra y se aleja de la escena a pasos lentos y sin mirar atrás…

Después de unos segundos, la mujer cambia, su actitud es diferente, está tranquila, sin preocupación, más calmada, parece comprender que si está muerto y que ella lo hizo. Por su mente pasan la idea de huir de ahí, se agacha hacia la cara del cadáver, cierra los ojos y besa sus labios… con sus manos en el mango del cuchillo, lo saca de un tirón. Deja de besarlo –Te lo merecías- dice con voz baja aún cerca de sus labios. Se levanta, pone el cuchillo en su bota. La mujer camina alejándose del callejón poco a poco se convierte en una sombra más, perdiéndose a algo que nunca pasó o que quizá ya ha pasado bastantes veces…

Rata Blanca en Guadalajara 2008

martes 3 de noviembre de 2009

Desperté a las 8 de la mañana, sedienta como siempre. Me levanté de la cama de un brinco, aunque casi me resbalo con la bolsa de chocolates de ayer. Tomé del bote con agua que siempre tengo al lado de mi cama, prendí la laptop y la luz de mi habitación. Escogí la ropa que me pondría y después de la duda matutina, escogí la playera de Judas Priest con un pantalón negro (que me había puesto la noche anterior para el preestreno del Crepúsculo). Acomodé la ropa en la cama y puse música para quitarme lo adormilada mientras me bañaba. Como siempre, en cada enjuague cantaba, aunque esta vez, ya que mi mamá se había ido al trabajo, no tuve que contenerme en mis gritos.

Después del baño, regresé a mi habitación y puse un capítulo de Friends, mientras me cambiaba de ropa. Arreglé mi mochila (aunque sólo llevaba una libreta), cerré mi cuarto con la cadena y el candando. Bajé las escaleras y les di el desayuno a mis peces y a la perra, pero como ya era algo tarde no desayuné yo.

Salí de mi casa poniéndome los audífonos de mi reproductor de música, antes de que llegara a la avenida pasó un taxi, así que lo tomé. No sé si porque no había desayunado o el taxista traía prisa, me dieron unas ganas enormes de vomitarle el asiento. Pero me contuve con el tarareo de una canción.

Me bajé del taxi en enfermería, caminé hasta mi facultad, como ya era muy tarde, no alcancé a imprimirle mi tarea al profesor y así que entré a clases. Nombró lista y agrupo a los que no llevamos la tarea con los que sí, me senté con Isabel (después de que el profesor nos separara a Jamila y a mí porque platicábamos). Hicimos unos ejercicios acerca de la tarea y dejó otra para la clase libre que tenemos, 3 páginas de algún estreno en el cine. Lo hice en la laptop (ya que escribo más rápido que a mano), pero sólo hice una página y media, quizá a falta de inspiración con los verbos, gerundios, etc., o quizá porque me distraían por tanta pregunta… Pero aún así tampoco desayuné muy bien, un jugo y un yogurt mantuvieron a mi cerebro poco activo.

Cuando regresamos a clase, intercambiamos trabajos y Lorena me marcó mucho el mío, aunque de todas formas el profesor dijo que tenía que completarla. Dejó más tarea y nos dijo que leyéramos una novela literaria (aún sigo pensando en cuál) y después nos haría preguntas sobre tal.

Como se suponía que exponía en la clase de Política, fui al baño con Isabel a refrescarme la cara y perderle el miedo al público (aunque si no lo he perdido en todos estos años, no lo perderé unos minutos en un baño público), minutos después fui por una paleta de caramelo a la cafetería, para calmarme un poco.

Ya en la clase de Política, terminó su exposición el equipo anterior al mío y después siguió la maestra, dando los puntos políticos de López Portillo. Anoté algo desesperada porque acabara ya la maestra y comenzarla nosotros. Pero quince minutos antes de la hora de salida, la maestra terminó y dijo que podíamos irnos.

Por fin me cayó en cuenta que ya eran las 2 de la tarde, y en media hora pasaría Álex y Pedro por mí, para ir a Guadalajara por Rata Blanca. Agarré un taxi y así no perdería más tiempo. Me despedí de mis compañeros (y me desearon suerte y diversión), y salí a la avenida por un taxi. Lo encontré rápido, por suerte. Y como se le había terminado la batería a mi reproductor de música, terminé con la música de banda del taxista.

Cinco minutos después, ya llegaba a mi casa. Pasé a la tienda a comprarme un agua para el camino. Casi corrí hasta mi casa, abrí la puerta, subí las escaleras y abrí el candado de la puerta de mi habitación. Oí como llegaba mi mamá a la casa y no pude decirle que desconfiaba de mí, por salirse temprano del trabajo para así estar presente mientras me recogían. Prendí la laptop para distraerme un rato y conecté mi reproductor para cargarlo. Puse Friends (de nuevo) mientras arreglaba mi bolsa, con el suéter, celular, las hojas que le pedí a mi mamá que imprimiera para leerlas en camino, el bote con agua que compré.

Fui al baño a lavarme los dientes y escuché las voces de Álex y Pedro, fui a mi habitación, apagué la laptop, cerré mi cuarto y bajé presumiendo mi pantalón nuevo. Le prometí a mi mamá que llegaría bien (ya que Álex no lo hizo). Salimos a la avenida, emocionados. Y en el camino me dijeron que ya habían comido ellos, los regañé por no esperarme y fuimos al autoservicio de Burger King. Mientras esperábamos, alucinábamos en qué pasaría en el concierto. En el camino hacia la casa de Álex, Pedro y yo comíamos papas (o al menos eso dicen que son) y refresco.

En la casa de Álex, estaba su mamá, y me puse algo nerviosa (siento que me odia, porque yo cambié a su hijo, o al menos dejé que el verdadero Álex saliera al exterior), pero se comportó algo normal, como cualquier mamá (al menos eso creo), me acompaño mientras comía (aunque yo seguía nerviosa), Álex me abandonó para bañarse. Y Pedro estaba un poco alejado de mí, pero aún así seguía comiendo de mis papas.

Casi media hora después, mientras platicábamos de algunos conciertos. Por fin nos subimos al Sentra. Álex me abandonó de nuevo, dejándome adelante con Carmen (su mamá) , mientras que él y Pedro estaban atrás. Pasamos por una amiga de su mamá, Elida. Así que nos acomodamos, ahora y atrás con Álex y Carmen, y adelante Eli y Pedro. Íbamos algo cómodos… En el camino, al principio escuchamos un disco de Abba. Pero cuando se regresó, después de 18 canciones. Lo apagaron y hablaron del desfile (ni si quiera recordaba que había desfile el 20 de noviembre), al parecer estuvo igual que otros años.

Decidí que era hora de darle razón a mis hojas y leerlas, pero cuando iba a la mitad de un capítulo, Álex me dijo que no era recomendable que una persona leyera en el carro, por algo así como desprendimiento de retina… Así que las guardé y miré a la ventana aburrida. No sé cómo después de que hablaron de Super size me (documental de McDonald’s) se centraron en mí, sobre los profesores que tenía. Fueron unos minutos largos…

Pero al final, después de innumerables charlas, que no recuerdo su inicio ni su fin, llegamos a Guadalajara, había un tráfico de miedo. Tardamos media hora para avanzar una avenida que bien en Colima avanzabas en menos de cinco minutos… Temiendo no dar con el Teatro Diana (donde se presentaría Rata Blanca), nos bajamos en Plaza del Sol (sólo Álex, Pedro y yo) para subirnos a un taxi y que nos llevara. Carmen y Eli, fueron a pasearse y con una hermana de Eli.

Yo quería entrar en MixUp, pero ellos ya querían irse al teatro. Así que nos subimos a un taxi, el cual nos cobró $80 (un poco barato en comparación a la vez pasada en Judas Priest). Pedro y yo hablábamos del Crepúsculo, después todos volvimos a imaginarnos en el concierto.

Por fin llegamos al teatro, sólo había unas personas afuera, eran las 7 de la tarde y el concierto empezaba a las 9 de la noche. Así que con tiempo, entramos a una tienda de souvenirs, pero no tenían nada bueno. Traté de convencerlos de pasar por Wal-Mart (para comprar unos libros), pero el guardia de seguridad dijo que hiciéramos una fila, así es que todas mis esperanzas se fueron, como estábamos cerca, fuimos los segundos en la fila. Pero aún faltaba hora y media, así que platicamos de cosas triviales, hasta que nos sentamos en el suelo, por imitación de muchos otros que ya estaban cansados de la espera. Antes de las 8 y media, hastiada de levante y vi un mapa del teatro que estaba afuera. De nuevo de alegré de que Álex los haya comprado tan rápido (estábamos en medio, en la tercera fila). Por fin nos dieron el pase de entrada, y pasamos, compré una playera de la gira. Cuando entramos al teatro me la puse, y mi suéter ya que estaba el aire acondicionado. Esperamos a que nos abrieran las puertas, pero aún desde ahí se escuchaban los ensayos de última hora. Tenía algo de sed, así que fui y compré tres aguas, unas galletas y unas pasas con chocolate. Pedro como siempre, se acabó su agua y fue dos veces al baño. Álex y yo sabíamos que la ocuparíamos de tanto grito.

La hora llegó, abrieron las puertas y salimos disparados. A la hora de que entramos, no podíamos creerlo. Nuestros asientos estaban a menos de metro y medio del escenario, en frente de Adrián (vocalista). Nos sentamos maravillados, y comíamos escondidos (ya que no se permitían alimentos). Desesperados a las 9 de la noche y sin comienzo, gritamos al unísono ‘Rata’, pero no salía. Después de varias fintas de que se apagaban las luces, a las 9:20 de la noche, las luces quedaron apagadas, y comenzó la música. Los gritos de emoción llegaron. Todos nos paramos de nuestro asiento… El telón se abrió, Fernando (baterista), estaba tocando junto con el tecladista… El bajista, Adrián y Walter (guitarrista) aparecieron… Hubo más gritos con Walter, quizá por su potencial, o porque estaba vestido completamente de cuero… No pude evitarlo y grité de emoción.

Abrieron con El reino olvidado, pero ya que mi afición a Rata Blanca, no es mucha… No pude cantar más que el coro de varias canciones, y gritarle a Walter. Canciones y canciones pasaron y el público no dejaba de cantarlas, Adrián, supongo que se sorprendió por nosotros (espero que haya sido una buena experiencia para ellos). El BIS llegó, salieron del escenario y nos sentamos en los asientos.

Todos nos volvimos a parar cuando sonó Mujer Amante, el piso temblaba, el ruido de la música se apagaba por el coro de más de mil personas cantándola (me incluyo, ya que esa si me la sabía). La leyenda del hada y el mago, el cierre del concierto. A la mitad de la canción, Walter se puso casi enfrente de mí, grité su nombre como desesperada, no sé cómo volteo a verme y sonrió… Hice un ademán de que quería una de sus púas, sonrió de nuevo, cuando su mano se puso adelante, mis manos se unieron y se elevaron… No sé cómo, su púa estaba ya en las mías… Me emocioné que casi caía desmayada, Pedro me sangoloteó, volví a mirarlo y le grité que lo amaba, volvió a sonreírme y me aventó beso…

Pre estreno de Crépusculo

Una amiga del D.F. emocionada, porque había leído un libro Crepúsculo, se estrenaría la película en dos semanas.

Me dio el e-book y un tráiler de la película, ya que era de vampiros, decidí leerlo.
El libro estuvo genial, romance mezclado con vampiros y lo mejor: de mi edad.
Así comenzó la obsesión-adicción-compulsión; leí el segundo libro Luna nueva, ya habían metido a hombres lobo.

Terminé el libro en dos días, lo cual me produjo medio ceguera, pero aún así al día siguiente comencé el tercer libro Eclipse, que se trataba de asuntos pendientes del primero y más hombres lobo.

El martes siguiente, a cuatro días de que se estrenara la película, José, un amigo, nos invitó a Jamila, Iver y Braulio al preestreno, que sería el jueves a media noche. Para mí fue una oportunidad fantástica. Así no esperaría hasta el sábado para verla.

A pesar de que ya había quedado con otros amigos de irla a ver, les cancelé diciendo que el destino tenía preparado para mí verla antes que muchas personas.

El día llegó, la emoción no podría ser mayor. Dormí un poco en la tarde, para no quedarme dormida en plena función (eso habría sido de lo peor), cuando desperté terminé mi tarea y me dio tiempo de que mi obsesión fluyera en tres capítulos más.

La hora se acercaba y no sabía que ponerme de ropa, así es que estrené un pantalón-falda que mi mamá me compró una semana antes y mi playera de Judas Priest, así pues me bañé, cambié y vi unos capítulos de Friends, mientras el reloj se acercaba a las 11 de la noche.

Cuando por fin lo hizo, me lavé los dientes, medio me peiné y salí de mi casa, en la esquina, me desesperé ya que no pasaba ningún taxi. Diez minutos después ya estaba en un taxi con rumbo al banco para que me diera dinero. A las 11:18 ya estaba rumbo a Cinepólis.

Cuando entré a Zentralia, fue raro ya que la mayoría de la gente iba de salida, mientras yo entraba. Llegué al área del cine y me descubría que había varias personas, supuse que al igual que yo venían a lo mismo.

Vi a José y fuimos a la taquilla por mi boleto, ni si quiera tuve que decirle al encargado a cuál iba, ya que era la única que sería proyectada a esa hora. Esperamos a Braulio, cuando lo vimos le hice señas, pero no nos vio. Hasta que le habló a José y descubrió que estábamos a menos de cinco metros de él.

Hicimos cola para la película, pero después nos recordó José que una amiga suya le aparaba al principio de la línea. Ya que estábamos cerca de la dulcería, decidimos que la película merecía un refresco, palomitas y nachos. José convirtió esos nachos en más chiles jalapeños que tostadas y queso. Braulio baño las palomitas en salsa y yo me quedé conforme con mi refresco lleno de hielos.

Avanzó la fila y por fin entramos a la sala. De ciento y tantos de asientos, bien se pudieron ocupar sólo treinta. Pero aún así el escándalo estaba, no sé si porque todos seríamos fanáticos, si porque era media noche.

Los anuncios se comenzaron en la macro pantalla, llegaron los trailers y al por fin la película. Para mí no estuvo ni tan buen, ni tan mala. Ya me habían advertido que me decepcionaría por la historia del libro y de la película. Pero no estuve decepcionada, sino casi los regañaba por escenas que faltaron o que las metían muy rápido y una que no estaba en el libro.

Cuando salimos del cine, no había taxis, aunque claro eran las dos de la mañana. Así que caminamos hasta que encontramos uno.

Imagínense cómo será el de Luna Nueva... espero ir...

Querido Satán Metal Clous

Querido Satán Metal Clous:

Ya que viene mi navidad décimo octava, ya soy mayor de edad y quiero pedirte cosas realistas, no como de niña que quería esa barbie de ensueño o la paz mundial.

Sé que cuando tenía siete años, no me trajiste nada, porque vi a mi mamá cuando ponía la muñeca debajo del árbol. Y me entró la duda de si todas mis navidades, he estado en tu lista negra, si es así quiero una notificación para cambiarme a los servicios del niño Jesús, los reyes magos, Cupido (aunque es mi cumpleaños) o Benito Juárez.

Como supongo que estás bien ya que por allá no hace calor y el frío lo arreglas con calefacción o un chocolatito caliente, he de decirte que de navidad quiero un aparato de aire acondicionado y los cristales que le faltan a mis ventanas para que no se escape el aire. O ya de perdida un ventilador de cinco velocidades, no es que quiera que vuele sino que el calor de Colima es un tanto insoportable.

Me gustaría una Canon S5 IS, ya que te diré que mataron a mi Kodak, no me duele tanto pero ya no tengo cómo tomarle fotos a los de Rata Blanca, ya si estás muy dadivoso en Estados Unidos hay unas Nikon’s de 95 dólares y Minolta de 1,500 dólares, sino sólo quiero mi Canon y unas Reflex que no sirvan, me gusta coleccionarlas.

Un X-Box 360° no estaría mal, dicen que es bueno, aunque no soy muy aficionada a los videojuegos.

Una Mac de escritorio y laptop, me encantaría. Con 500 GB de disco duro, 4 GB de RAM, quemadora de doble capa, webcam de 5 MP, micrófono y una pantalla de 19’’, y si puedes pasar a España por unos discos duros externos de unos cuantos Terabytes, te amaré.

Me gustarían todas las películas de todos los BlocBuster, pero sé que eso es un sueño guajiro, así es que me conformo con que me regales un BlocBuster para trabajarlo yo.
Lo último que te pido y sé que muchos lo harán, sería dinero, me conformo con unos 5’000,000 de dólares, para que mi mamá ya no trabaje, comprarme una casita en la ciudad, la playa y el bosque, mi carroza fúnebre, series, DVD’s y CD’s a montón y otras chucherías que no recuerdo en éste momento.

Podría cerrar pidiendo la paz mundial, que se acabe el hambre, que quiten a Bush del gobierno o mejor aún que México ya no tenga la deuda externa, pero sé que mi cartita es aún más realista que eso.

Me despido no sin antes decir… Cuídate, besos, suerte, buenas vibras, aguas con los taxistas y más los de la noche (aunque tú traes renos), un tsuru blanco atropellador que anda por acá y los ladrones rompecámaras de San Francisco.
¡Bye bye!

Atentamente: Samyra Serrano.

Hambre de sangre

Hay veces que lo que tienes en la vida, ya no es suficiente, no te basta el trabajo, la familia y tus amigos.

Piensas que no has hecho nada en la vida y de repente pasas a un tránsfugo. Comienzas con una idealización de personas que creen tenerlo todo, que viven felices, imaginas que las tienes en tus manos, débiles y vulnerables hacia ti, derrumbándoles su vida por completo, dejando un estigma de ti en ellos. Pero eso es onírico, no te atreves a hacerlo, por miedo quizá o por temor al qué dirán.

Y llega otra crisis en la que ya no hay marcha atrás, de forma mística te conviertes en una persona transitoria, pero los demás no se dan cuenta, caídos en su mundo rutinario. Mientras tú comienzas a planearlo todo.

Llega la noche, te sientes con miedo pero una excitación invade tu cuerpo. Ves a tu primera víctima, te compadeces un poco, casi al punto de terminarlo. Pero no lo haces, piensas que ha vivido lo suficiente y que a ti te falta una razón para seguir haciéndolo.

No sabes cómo, pero ya la tienes atada a la cama, las sábanas blancas manchadas con su sangre, heridas que tú le proporcionaste poco a poco hace hora y media. Al punto del colapso ella te pide suplicante que la dejes, pero eso es mírico para ti. Tomas tu átame y lo pasas por su cuello cortando cada centímetro, los gritos de ella suenan en toda la bodega.

Al fin ella dio su último respiro, te recuestas junto a ella hasta quedarte dormido. Sueñas con una metepsicosis con su cuerpo, pero su mortura te despierta.
Dos días después asistes al acto fúnebre, pero no por respeto sino por tu hambre de sangre y con ganas de saciarla con sus deudos.